miércoles, 22 de julio de 2009
Vuelvo con el corazón en la garganta y la pólvora bajo mis zapatos. Vuelvo porque no hay orilla que me espere, ni besos al otro lado de la almohada. Con la camisa sin botones, con los ojos perdidos en cualquier esquina. Con la noche más fría que de costumbre, y estas manos sin piel ni esperanza. Ya no hay serpientes, menos calendarios. Nuestro barco naufragó en el puerto, y los pájaros huyeron con los escombros. Te has escondido bajo la luna, me has guardado en tus bolsillos. La libertad perdida en un arrebato. La vida es un puñado de años; el infierno, tu espalda desnuda a mi costado.

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