jueves, 16 de julio de 2009

Una mierda.

Este par de penas para empañar mi camisa, y el sutil respiro de quién no quiere ser escuchado. Tus manos se pasean sobre mis jeans, y mis huesos tambalean por la acera. Ya no hay grillos ni buses. No existen las estaciones ni los besos al otro lado de la ventana. El cadaver baila eufórico y cristo muere en la cruz una vez más. Esta vez sin espinas; esta vez sin perro que le ladre. Las magadalenas van al bar de la esquina, y yo escondo mis miserias bajo la piel.

Esta noche dormiré sin tu espalda.
Esta noche moriré sin tu espalda.

Y así, la estatua de sal vuelve al final del pasillo y yo fumo a la entrada del purgatorio.