sábado, 30 de mayo de 2009
Nuestra infancia perdida en un par de jeans sobre el suelo, y la mirada tímida escondida en algún cajón. Apagas las luces, y te entregas a esta danza. El contoneo de dos gatos que huyen de los tejados; la tierna oscuridad de los culpables consumados. Mis dedos juegan en la fragilidad de tu cuerpo. Tus huesos tiemblan, mis susurros se estrellan contra tu nuca. Nos clavamos las penas; nos jugamos la camisa. Los grillos callan, las hojas bailan en el viento. Somos dos animales salvajes; dos bocas que se buscan en la noche. Hasta destruir por completo esta jaula.

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