sábado, 30 de mayo de 2009
La carrera.
Me refugio en tu espalda, y los susurros se estrellan contra la puerta. Ojala las horas fueran leales, y el reloj cediera al deseo de los prófugos. Ojala la ciudad no se perdiera tras la ventana, y las estaciones de buses aguardaran a la mañana siguiente. Te aferras a mis manos, te enredas entre mis brazos. Y los segundos siguen corriendo, y la vida nos corta el aliento, y mi maleta ya no lamenta su orfandad. Nos escondemos entre nuestros cuerpos, nos dibujamos en las sábanas. La luna anuncia el tiempo de los desertores. Las rayas de la carretera bailan frente a mis ojos. Recojo mis calendarios una vez más.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada