Espera a la noche y mis mañanas; la rutina dictada a los amantes descarados. El purgatorio de los culpables, y la partida regalada al peor postor. Ese vacío insoportable entre los rincones de una habitación. Ese rincón hostil y descuidado que aguarda tus pasos despistados; el lugar que contiene tus caderas y mi deseo. Espera el trueno de mis palabras, la melodía de tus silencios, la triste lujuria del olvido.
Y luego, corre.

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