Ya perdí mi baraja,
y ajusté cuentas con la luna.
Ya conocí al olvido,
y reté a mil gigantes.
Ya fui gato y serpiente,
y no asesiné a ningún pájaro.
Ya fume hasta mis huesos,
y dejé mi dignidad tras la puerta.
Tanto para no dejar tus manos.
Cenizas eternas
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