Final Primero:
No arrastres tus dedos por mi ombligo; no me arranques este último pedazo de dignidad. Ya no quiero morir entre las cuencas de tu espalda; ya no puedo regalarte el alma por una porción de arena.
Final segundo:
No habrá golpes al otro lado de la ventana, ni tu garganta cantando en unisono con los grillos. No seremos el purgatorio, ni la dulce venganza de la despedida.

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