No creo en los silencios, mucho menos en las palabras. Me he disfrazado de gato para dormir en tu ira. Me he vestido como una mojigata para reirme en el espejo. He sido todo y nada. Una mímesis exquisita entre lo absurdo y lo delicioso. Con besos bajo la alfombra y caricias entre las manos, caminé por las esquinas de tu vientre. Navegué en un barquito de papel entre los glaciares de tu alma. Tú seguías sin sospechar, yo tenía media partida ganada.
El tablero se estrelló contra la pared. No escuchaste mi corazón enloquecido. No volteaste a recoger mis latidos. Mis pedazos de fantasía tirados por el suelo. Esta estatua de sal al final del pasillo. Esta mitad mujer, mitad animal. Esta perdedora sin farola que le alumbre. Esta sombra sin oscuridad que la cobije. No me tientes, la fiera tiene hambre.

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