El reloj y sus ensordesedoras agujas. Tus piernas en las fronteras de mi cama. Los gatos y su narcisismo desde la luna. Mis huesos y su temblor en unisono. ¿Acaso hoy la noche ha pretendido enloquecerme?, ¿o son las últimas migajas de tu insaciable crueldad?. No se puede jugar con la infancia y vestirse de luto. Tampoco migrar como una gaviota a cualquier espalda. Hoy te odio, mañana no lo sé.
Esperemos de la vida solo susurros.

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