domingo, 2 de noviembre de 2008

Antes que mis dedos
se amolden en alguna espalda
y mi requiem eterno
termine durmiendo sobre la ventana
quisiera
que la luna deje de ser demonia
y tus susurros,
distantes alpinchistas.

Quisiera, sombra de otoño,
que mis manos desembarquen en tu ombligo
y la última colilla
se apaque en mis cabellos.

Quisiera no ser bestia ni persona
una mímesis entre lo humano y lo divertido,
el pecado de la madrugada,
la huella de un naúfrago,
la marca de un beso en la camisa.

Quitarme estos trajes de
animal civilizado
y lanzarme sobre tu cuerpo
sin enunciar esas frases ridículas
que nacen por pura represión
e hipocrecía.

Arrañarte el ombligo
y no sentir culpa
por el temblor de tus huesos.

Besarte
sin fingir ser amante fugitivo,
o esquina de una mentira.

Solo existir por existir,
amar por amar,
mirarte por mirar,
vivir para ti.