miércoles, 26 de diciembre de 2007

Madrid, Belgica y ausencia

Mis manos te buscan en cada pared, cada piedra, cada vacio, cada nada, cada todo. He roto fronteras, he volado en cada ola de un mar embravesido, he construido paraisos ocultos con tu rostro dibujado en todos los rincones. Sin aun hayar ni un cabello tuyo, ni un aliento, ni una mirada.


Solo esta ausencia tatuada en mi espalda.



Ajena a toda patria, huerfana de dioses. Me he arrastrado entre cenizas bajo el absurdo afan de esconderme de mi misma, de ti misma. Los arboles, desnudos por mi eterno otono, han tiritado de frio en cada metro de piel que me envuelve; han muerto asesinados por tus susurros de hielo.


Mi piel, envuelta en aires de luto y tierra; ha sufrido el exilio de tu silueta de cisne, de tus muslos arena, de tus pupilas invernales, de tus mejillas de nieve. Ha gritado en cada distancia, ha corrido tras tu polvo, tras tus cejas de selva.






Solo esta ausencia tatuada en mi espalda.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Medusa y Perseo.

He partido mis huesos en silencio mientras dormías y la sinfonía del mar sostenía tus respiros. Con un batallón de lágrimas acariciando mis mejillas, contemplaba la luna reflejada en tu rostro. Esa luna que me vuelve ajena a su brillo y a tus manos tibias.

Tu semblante de guerrero era el de un niño desprotegido a mis miradas asesinas; a los grises que me circundan.

Eramos Medusa y Perseo perdidos en el veneno del pecado; en lo exquisito de lo imposible.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Insolentes párrafos.

Solemne camina en los jardines de tinta que envuelven sus deseos en trozos de papel amarillento. Inmortal a cualquier burla y preso en el idealismo, rompe mis versos con palabras ciegas. Hombre de mirada profunda y escondida bajo cristales que reflejan una audaz miopía, con frases perfectas dibuja a pioneros del arte y los vicios, mientras sus ecos cierran puertas y pintan a Verlaine en el cielo.

Señor de la elegancia y la cortesia, usted ha enmarcado en indiferencia al ejército de princesas que juegan en mis letras; usted ha dicho aborrecer cualquier frase que de mis labios se levante; usted cree tener tanta fuerza como para encadenar al demonio que grita desde mis entrañas. Con todo respeto le contesto caballero de la métrica: estoy de acuerdo con lo que postula, pero esta bestia que golpea mi pecho, es más peligrosa que usted y yo misma. No creo que sus críticas despiadas sean remedio para su hambre de artesana.

Sus insultos son intentos vanos al silencio. Le explico que, incluso si se levantara Baudelaire de la oscuridad eterna, y amenazara llevarla con él a las brasas del infierno, este monstruo seguiría en su insolente hazaña de perfilar al mar por el puente de mis manos.

Es usted invitado a mis más sinceros halagos, pero es este demonio el que nutre mi carne con su sed de cartógrafo. No crea tener oportunidad de vencerlo.

Entonces, vierta whisky en el vaso y recordemos que hubo época de verdadera poesía.