viernes 11 de diciembre de 2009

Estos dedos que te escriben,
un par de manos sin condena,
los jeans bajo la cama,
la jaula rota y oxidada,
tus susurros para las flores,
mis letras para tus mañanas,
el inventario y sus treinta noches.

Y mis dientes enterrados en tu espalda.
El pájaro atrincherado en la ventana, mi brújula a lado de la cama. Esos susurros que mueren en la almohada, estás manos que te dibujan en las paredes. Un vuelo al raz del suelo, un grito que enviudó su jaula. El correr por correr, la magdalena sin estigma. Esta baraja que nos sonríe, esos fantasmas en el estandarte de al frente. Una marea para tus locuras, un trueno para mis huellas. Dos bocas que se encuentran, cuatro manos que huyen, una espalda desnuda.
Y este ejército de besos presidiarios.
¿Lo escuchas?. No es la luna, ni el trueno de las olas contra las orillas. No son los grillos, ni el gato tiritando sobre el tejado. ¿Aún no te has dado cuenta?. Los gritos seguían estrellándose contra mis manos y tú no dejabas de mirar las flores. Este réquiem se escurría por la ventana y tú creías bailar en cualquier esquina -la de mi ombligo-. ¿Ya lo notaste?. Mis letras han quemado los calendarios, mis cabellos han olvidado su olor a humo. El cigarrillo a lado de la cama, tus ojos en la otra almohada. Ya es tarde, la mañana canta y tu espalda se ha enredado en mis dientes.
Mi jaula es tuya.

sábado 3 de octubre de 2009

I

Háblame del viento como si la luna aún volteara a mirarnos. Susúrrame al ombligo el secreto de las hojas secas y la jaula de los ciegos. Envuélvete en el humo y trepa por mis piernas. El tiempo está cansado y no puede atraparnos. La calle sigue tras la ventana y mis ojos te desnudan hasta los huesos. No escuches a los pájaros; no tiembles por la luz mortecina de las farolas. Volvamos a escribir sobre las sábanas.

II

Este gato que no conoce los tejados. Ese pájaro que se estrella contra las paredes. Los dedos que bailan sobre las letras, y tu cuerpo en alguna esquina. Este mendigo que no sabe de piedades, y mi corazón en la garganta. Las palabras corren como fugitivas y tú sigues sin mirarme.

III

Soy una sombra que se trepa por tus paredes; un susurro perdido en algún cajón. La noche baila entre los árboles y nuestras flores vuelven a decapitarse. El pájaro sigue en la jaula, y yo celebro mi segunda muerte.
Ella ya no voltea a mirarme
Los árboles le cortan la vista,
La luna le quita el aliento.

Ella ya no habla con las manos,
Ya no escribe con mi cuerpo.
Ya no voltea a mirarme.

Y pensar que alguna vez,
Hace demasiado tiempo,
Creí asesinar a los árboles,
A la luna,
A sus ganas de huir.

miércoles 26 de agosto de 2009

Hablabas como si la luna te lanzara la última moneda y los salmos olvidaran sus mentiras. Sin importar el silbido de los árboles, sin reparar en esta media migaja en mis bolsillos. Te preocupaste por las lenguas endemoniadas, por el aullido de los sordos. Nada del cuerpo que enviuda las sábanas, menos del gato que escribe desde mi garganta. Demasiadas palabras para una muerte.
Siéntate. Mis manos tiemblan y mis ojos dibujan tu cuerpo. Como en el final del fuego; en los segundos que nos empujan a su antojo. Siéntate. Mis huesos han perdido la fuerza y mis latidos ya no se escuchan tras las paredes. Este grito encogido en mi garganta, estos pétalos viudos y ajenos -de cualquiera menos de mí-. ¿Ya me viste?, ¿ya escribiste este réquiem?. No me cortes los dedos, no me arranques los harapos. Deja que olvide las rayas de la carretera mientras tú peleas con las arañas.

jueves 23 de julio de 2009

He escuchado tu voz entre las olas. Ayer, cuando los grillos dormían y tú jugabas a acariciarme. De día, con los tic tacs retorciéndose en mis oídos. Tiré mis huesos contra el suelo, dejé mi dignidad colgada en la ventana. Seguías hablando. ¿Cuántas palabras colgadas sobre el tejado bastan para arrancarme el alma?. Solo el nudo en la garganta; el humo bajo la lengua. Un puñado de nada para seguir creyendo; una larva que escribe mi muerte. Entre tus muslos, en las suelas de tus zapatos. Aún si no crea en esta orilla. En este pedazo de carne; en esta mitad de alma. Aún si te lance al olvido y mis ojos se pierdan en la sinuosidad de tus piernas. Este gato esperará a lado de la puerta y yo te seguiré buscando en la marea.